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Agricultura regenerativa como solución económica y natural frente al alza de fertilizantes químicos

Equipo Digital
Fotografía: Contexto | Pexels
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El incremento internacional en el precio de los fertilizantes químicos durante los últimos años, y que en 2021 alcanzaron hasta un 80%, ha repercutido fuertemente en la agricultura. En nuestro país, estos insumos representan entre el 15 y el 30% del costo total de los cultivos, lo que necesariamente incide en los precios finales.

Para hacer frente a este panorama, en la provincia de Arauco surgió una innovadora iniciativa que buscaba demostrar que es posible cultivar de manera sostenible y regenerativa, sin uso de químicos. La iniciativa no solo promovió la producción de alimentos más saludables, sino que también fomentó la regeneración de los suelos, marcando una diferencia crucial en la forma de hacer agricultura.

Huerto Willinko: inspiración desde Cañete

“La solución está en el plato”, afirmó José Manuel Rebolledo, horticultor regenerativo de Cañete, quien encontró su vocación tras el fallecimiento de un familiar cercano por cáncer gástrico en 2015. Este hecho lo llevó a reflexionar sobre la relación entre la alimentación y la salud, motivándolo a profundizar en la producción de alimentos libres de agroquímicos, como una alternativa para una vida más saludable.

A través de una colaboración con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Rebolledo transformó tres hectáreas en un modelo de diversificación y sostenibilidad. En su terreno se cultivan berries, frutillas, hortalizas y cultivos tradicionales como porotos, quínoa, maíz y papas, utilizando métodos que respetan y resguardan los recursos naturales.

La clave del proyecto radica en la regeneración del suelo. Inspirado en la observación de los bosques nativos, Rebolledo trabaja para devolver la vida al suelo mediante rotaciones y cultivos diversos. “Queremos un suelo vivo, no inerte, que se nutra de forma natural gracias a estas prácticas”, explicó.

Además, el proyecto incluyó la producción y el uso de biopreparados como alternativa a los agroquímicos. Esto no solo reduce los costos asociados a los fertilizantes, cuyo precio aumentó significativamente durante la pandemia por Covid-19, sino que también mejora la calidad del suelo.

En colaboración con la Oficina Técnica de INIA en la provincia de Arauco, liderada por el ingeniero agrónomo Mario Saavedra, se han establecido unidades de validación en huertos como el de Willinko. Estas unidades permiten experimentar y ajustar las metodologías antes de transferirlas a otros agricultores. “Estamos probando técnicas que permitan a los agricultores adoptar estas prácticas de manera eficiente y sostenible”, explicó Saavedra.

El papel de INIA en la agricultura sostenible

El proyecto “Transferencia Tecnológica y Extensión Agropecuaria para Productores de la Provincia de Arauco” fue ejecutado por el INIA gracias al financiamiento del Gobierno Regional del Biobío. En su ejecución se demostró que es posible diversificar cultivos en pequeñas superficies y regenerar el suelo de manera sostenible.

Según Javier Chilian, director regional de INIA Quilamapu, el proyecto buscó reemplazar los insumos químicos por compost y bioinsumos para lo cual “implementamos estas prácticas en parcelas demostrativas para validar su eficacia y fomentar su adopción”.

Con esta visión, la provincia de Arauco se consolida dentro de los referentes en agricultura regenerativa, mostrando que un futuro más saludable y sostenible es alcanzable a través del compromiso con la tierra y la innovación.